Las vacaciones son un gran invento: análisis de Ola, Ola (2008-2012)
- Dec 7, 2023
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La realización audiovisual supone según el teórico Jaime Barroso (1996) abarcar cada uno de los procedimientos que conllevan la creación de un producto audiovisual, desde su misma concepción hasta su plasmación tanto técnica como artística, llegando además a considerar la distribución del resultado. En la presente investigación se pretende estudiar este concepto mediante un caso concreto, el programa televisivo Ola Ola (Medina, 2008-2012), por lo que se puntualizará sobre algunas de las decisiones creativas tomadas en la labor de su realización audiovisual comprendida desde su programación y también se planteará una reflexión acerca de su compromiso con dos contextos históricos muy concretos: uno propio, como es el de la crisis financiera del año 2008, y otro evocado, a través la década de los 70 y su turismo de sol y playa.
Ola, Ola es un programa de televisión perteneciente al género de información que se puede
clasificar dentro del formato de reportaje aunque también comparte características con el documental. Se centra en retratar desde una clave humorística algunas playas españolas a través de sus visitantes, costumbres y peculiaridades. Fue emitido en abierto desde el verano del 2008 hasta septiembre del año 2012 en la cadena Cuatro bajo la productora Molinos de Papel en un horario variable de prime time que solía extenderse hasta la madrugada. Consta de un total de 34 episodios que quedan divididos en cuatro temporadas diferentes, rondando la duración de los mismos en torno a los 60 minutos. Actualmente puede encontrarse en la plataforma de vídeo bajo demanda Mitele, que distribuye contenido de los canales del grupo Mediaset España.

Cuatro y su integración en el grupo Mediaset España.
La aparición de la televisión privada en la década de los 90 en España supuso un cambio en la lógica de este medio debido al enorme incremento de su oferta, cosa que llevaría al nacimiento de una supuesta diversidad de contenidos que sin embargo destacó por su homogeneización. De esta manera, las cadenas comerciales tomaron de manera prácticamente unánime la decisión de llenar sus franjas de máxima audiencia de un contenido de entretenimiento que no cesaba en luchar por la atención de los espectadores del momento. En este sentido cobra relevancia la óptima programación de contenidos, los cuales debe seleccionar, coordinar y ordenar tanto de manera vertical (con tal de crear un hilo conductor entre la diversidad de programas de un mismo día) como de manera horizontal (generando hábitos diarios en los espectadores). Todo ello se realiza con tal de crear una parrilla televisiva configurada siempre con respecto a una audiencia que ha de conocer muy de cerca para saber qué clase de relato es el que va a triunfar, haciendo que día tras día retorne a un canal determinado. Por tanto, la programación puede considerarse como un medio de distinción entre una cadena y otra, un activo que ante los ojos del espectador facilitará su identificación en un mercado lleno de otras cadenas televisivas que parecen ofrecer lo mismo.
En el caso que se pretende analizar, la cadena bajo la que se emitió Ola, Ola fue Cuatro, que desde el año 2011 forma parte del grupo Mediaset España y que, a su vez, constituye el
denominado duopolio del mercado televisivo junto a Atresmedia). A grandes rasgos, se trata de un canal que parece ofrecer un tipo de contenido muy específico, y es que se centra mayoritariamente en programas de entretenimiento de todo tipo: seguimiento de citas románticas con First Dates, análisis de casos paranormales con Cuarto Milenio, prensa rosa en formatos típicos con programas como Mujeres y Hombres y Viceversa y otros menos típicos que siguen indagando en la vida de terceros de diversas maneras como Viajando con Chester o Los Gipsy Kings.
Según un estudio publicado en Ediciones Complutense acerca del posicionamiento de este canal desde su integración en el grupo mediático, “los datos confirman, por una parte, el distanciamiento de los asuntos políticos que Telecinco quiere imponer en Cuatro y, por otra, la convergencia temática y estilística entre los dos canales” (Sotelo-González et al., 2020: 1630). Esa latente diferencia de perspectiva ofrecida por Cuatro desde su absorción por parte de Telecinco se ha de considerar en el presente análisis, pues en el momento de creación de Ola, Ola este programa podría estar reflejando una serie de valores o defendiendo ese planteamiento desenfadado que tanto caracteriza a Cuatro y que sin embargo Mediaset España podría estar borrando, como bien sugiere la fecha en la que cesa su emisión (2012), pues prácticamente coincide con la mencionada integración.
Análisis de la propuesta formal del programa.
El planteamiento interno del programa televisivo en cuestión resulta bastante sencillo, pues en cada capítulo el equipo técnico se desplaza hasta una serie de playas diversas para rodar el contenido de cada una de ellas. El visionado sugiere que este depende en gran medida de la improvisación ya que los cámaras se ciñen a “entrevistar” en cada momento a un grupo de personas distinto. Se observa por tanto una infinidad de respuestas provenientes de todo tipo de tribus urbanas, aunque todas ellas conservan en común un ímpetu cómico.

En las imágenes diurnas, estas personas describen curiosidades de la playa en la que se encuentran, comentan entre risas algunas anécdotas y enseñan lo que han traído en su nevera portátil. Las nocturnas cambian su enfoque pues retratan de cerca a esas mismas personas pero en ámbitos un tanto peculiares, mayoritariamente pasados por el alcohol, estupefacientes varios, karaokes y clubs de baile. El morbo de la mirada anónima se establece por tanto como el otro gran pilar que junto al contenido humorístico y absurdo va explorando Ola, Ola.
Con ello, se juega a recrear una especie de “estética de atracciones” propia del cine de los primeros tiempos que piensa enganchar a toda costa los ojos de los telespectadores al estar mostrando de manera continua un contenido de alta índole sexual que destapa cuerpos perfectos pero que igualmente no tiene miedo de posar su mirada sobre cualquier otro. A esta misma idea remite la cabecera del programa al revelar de manera troceada (y un tanto fetichista) a los veraneantes.
Destaca además el rol de la persona reportera, que a diferencia de programas de contenido
similar, borra toda huella enunciativa. No aparece encuadrada en ningún momento y, aunque puede suponerse que realiza preguntas a las personas que aparecen en pantalla, su voz es eliminada por completo. Este gesto se mantiene incluso para guiar las transiciones entre los diversos lugares que van apareciendo en cada episodio, por lo que el ejercicio de sutura que debe realizar el espectador es total al no existir ningún intermediario que guíe la acción. Por esto mismo, se recurre de manera continua a rótulos que indican los nombres de las playas y ciudades en cada momento, al igual que el uso de ráfagas que sirve para tal propósito. Con ello, se respeta el principio de plena legibilidad de las imágenes que tanto caracterizó al cine clásico hollywoodiense y que, de manera inherente, sigue asentándose sobre el audiovisual contemporáneo de cualquier ámbito.
En relación con la fecha y el horario de emisión, es posible referir Ola, Ola con un tipo de formato muy concreto que las televisiones emplean para realizar su programación en fechas veraniegas: el contenido de bajo coste. La palpable improvisación, la banalidad con la que se enfocan los temas, el constante uso de cámara en mano, la probablemente nula necesidad de iluminación, una plantilla reducida junto al hecho de que no se recurra a la figura de un reportero o reportera estrella de la cadena son algunos de los factores por los que resulta posible suponer que el coste de producción del programa no haya sido muy alto. Se trata de un tipo de contenido muy concreto que resulta ideal para su inserción en horas de baja audiencia y también para el estío al ser una época del año en la que gran parte de la sociedad no hace un uso tan extendido del medio televisivo pues el consumo “se rige por temporadas debido a factores climáticos y de costumbres, como la del período vacacional que suele coincidir con el verano o el aumento de la audiencia infantil (fin del curso escolar) y merma general durante junio, julio y agosto de la audiencia adulta” (Medina-Nieto, 2017: 36).
Ecos de los años 60-70. Crisis y turismo.
Aunque a simple vista queda manifiesta la evidente semejanza en cuanto a “estilemas” que Ola, Ola posee con los programas Callejeros (Andrade et al., 2005-2014) y Callejeros Viajeros (Andrade et al., 2009-2013) por cuestiones de producción que además sirven de refuerzo para la construcción de marca de Cuatro (palpables sobre todo en encuadres inclinados de la cámara en mano, en planos muy cercanos al rostro de las personas, en zooms dramáticos e incluso en la representación de temas un tanto controversiales), el programa analizado se desmarca de ellos al tener un claro objetivo de defender a ultranza el turismo de sol y playa nacional que tanto eco se hizo en los años 60 y 70. Y es que, como se ha ido comentando, parece recrear el fervor que en aquella época experimentó la creciente sociedad del consumo ante la masiva llegada de vecinos europeos. Esto tuvo un efecto casi inmediato en las ciudades españolas dado que empezaron a construir hacia arriba para poder dar respuesta a la demanda, como es el caso de muchas de las ubicaciones que Ola, Ola visita a lo largo de sus temporadas.

Esa transformación no fue tan solo económica, sino que afectó especialmente a la esfera social: el amor libre, los bikinis y los jóvenes hablaban de nuevas maneras de entender la vida pero también la sexualidad.
El cine de aquellos años recogió esta transformación con films como El Turismo Es Un Gran Invento (Lazaga, 1968), una película de la que Ola, Ola parece heredar una manera muy concreta de plasmar las vacaciones como objeto de ansia al recurrir a un montaje acelerado lleno de zooms y movimientos de cámara constantes.
La propia plataforma en la que se alberga el programa, Mitele, destaca esta alusión a los años 70 al ofrecer la siguiente descripción:
“Al más puro estilo de la década de los 70, una familia típica española inicia sus vacaciones. El seiscientos amarillo aparcado en la puerta de casa. Las maletas cargadas en la vaca del coche, la televisión portátil, el flotador y la niña con su mascota, un pequeño perro llamado ratón” (Mitele, 2023).
Esas vacaciones, llenas de costumbres y también de neveras portátiles, se retratan como exclusivamente nacionales y en cierta medida podrían estar datando la crisis económica que durante el año de emisión del programa estaba comenzando a experimentar la sociedad española. Esta lectura paralela sugiere que esas imágenes impregnadas de un typical spanish que por momentos roza lo absurdo (como cuando, en repetidas ocasiones, se hace un mapeo de las zonas de cruising de cada ubicación) sirve como una suerte de “alivio cómico” para las personas del momento a la vez que plantea rutas low-cost que hagan frente a las dificultades económicas que la mayoría de las familias españolas estaban experimentando. Por esto mismo, aunque se muestren escenas de esferas sociales distintas, Ola, Ola opta de manera firme por escoger como protagonistas a personas de niveles económicos más bajos, validando así aspiraciones vacacionales aptas para todos los bolsillos.
En conclusión, bajo una estética un tanto kitsch que por momentos parece parodiar la idea de “lo nuestro”, la realización audiovisual del producto examinado responde a una voz que demanda el abandono de las formalidades para intentar mirar, por un momento, hacia otro lado.





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