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La figura de la mujer como monstruo en el cine de terror

  • Dec 7, 2023
  • 3 min read

El cine posee el enorme poder de construir discursos sociales y, mediante su repetición, es capaz de validarlos en diversos ámbitos como puede ser el de nuestra educación. Desde esta industria se ha de ser consciente de su capacidad para estructurar la realidad social que nos rodea, por lo que debemos intentar fomentar en todo momento la construcción de narrativas que queden libres de injusticias sociales.


Por lo que respecta al género cinematográfico en concreto que nos ocupa, el cine de terror, se trata de un caso particular el cual desde hace años hace uso de una serie de figuras clave

para construir a la mujer madura y anciana: la madre fálica y la bruja anciana, respectivamente.


Se trata de dos personajes recurrentes a los que separa una cuestión de edad y que son definidos como monstruos poderosos que amenazan sobre el orden establecido. Unos monstruos que alteran la paz que reina en ese mundo ficticio. Por esto mismo, en las narrativas en las que aparecen han de ser destruidos o desplazados con tal de frenar y desactivar su poder.


Barbara Creed, profesora de estudios cinematográficos en la Escuela de Cultura y Comunicación de la Universidad de Melbourne, señala que en toda sociedad y cultura existe la idea de feminidad como algo monstruoso, como una figura que resulta ser perturbadora. Este concepto que defiende en diversos ensayos se puede relacionar directamente con el deseo primigenio sobre la madre, descrito por Freud en su teoría del psicoanálisis.


Llevado al cine, esta figura femenina amenaza sobre la identidad del protagonista principal del film, sobre el cual genera una suerte de angustia o rechazo.



En el cine español podemos observar producciones como Furtivos (1975), La Abuela (2021) o Las Brujas de Zugarramurdi (2013), relatos que de diversas maneras recrean una y otra vez a la mujer monstruosa-freudiana. El caso de Furtivos es especialmente destacable por la manera del director de tratar esa feminidad, que la exagera hasta convertirla en algo salvaje. Una idea que puede apreciarse en el póster del film, en el que la "madre protectora" toma forma de animal amenazante.






Desde un punto de vista internacional, cabe destacar la lectura de tal rol desde dos ejemplos concretos, ambos de la productora A24. La Bruja (2015) narra la historia de una familia del siglo XVII que ha sido desterrada de su pueblo y que ahora vive junto al bosque. A lo largo de la película, iremos conociendo a sus peculiares personajes, especialmente a la hija mayor, que al final descubriremos que ha sentido la llamada de las brujas para unirse a ellas. Nos daremos cuenta de que esa “brujería” va a ser condenada por su familia pero no por su director, pues el film va a tratarlo en cierta clave positiva como una liberación de la mujer. Sin embargo, resulta relevante analizar la manera en la que se trata este proceso dentro de la narrativa, pues se hace a través de una chica joven y no desde una anciana (o por ejemplo, a través de la madre y no de la hija), que es como el imaginario común nos viene acostumbrando a pensar en una bruja estándar. Es una chica de tez blanca, de hermoso rostro y cuya figura desnuda encaja en los estándares de belleza de los tiempos que corren. Qué sorpresa, ¿no?




La segunda película es X (2022) y trata de un grupo de cineastas que alquilan una granja para grabar en ella una película para adultos. Acabaran siendo asesinados por los dueños de la casa pero, mientras esto ocurre, la dueña (que ahora sí es una anciana) desarrollará una especie de obsesión por una de las chicas. El relato la perfila a través del cuerpo femenino y de una sexualización contrastada entre esa diferencia de edades, la cual retratará desde lo repugnante y grotesco a la anciana (y obviamente desde lo deseable a la joven). Esta bruja anciana va a ser la “fuerza malvada” contra la que luchen los cineastas hasta no quedar ninguno de ellos en pie, pues la única superviviente será esa joven, que logra matarla.




En los ejemplos expuestos queda latente un tratamiento peyorativo de la mujer anciana que, en cierta medida, queda estrechamente relacionado con el edadismo, una tendencia que de manera silenciosa cala en discursos actuales de muy diversa índole.

 
 
 

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