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El multiverso de Irma Vep

  • Dec 7, 2023
  • 3 min read

Irma Vep se construye, en todo su ser, desde las sombras. Ya se bautiza de tal manera con su estreno en 1915, cuando su creador Louis Feuillade quedaba eclipsado por la figura de Griffith, que en ese mismo momento estaría cambiando de forma permanente el lenguaje del cine con El Nacimiento De Una Nación. Esa femme fatale silente y poderosa será retomada en dos ocasiones, primero bajo película y después bajo serial, desde la infinita idolatría de su admirador Olivier Assayas.



El planteamiento de este cineasta da como fruto todo un universo construido a través de una intertextualidad casi enfermiza en la que se retoman e incluyen fragmentos de diversas líneas temporales. La Irma Vep de 1996 rascaba una superficie que solo su otra mitad ha podido desenterrar casi 30 años más tarde. He aquí su formulación: primero, una película de un rodaje de un remake; después, una serie del rodaje de otra serie que en realidad es un remake de Les Vampires de Feuillade, solo que planteada varios años después de haber rodado esa primera película que también es un remake de la misma. Nada más (y nada menos).


De izquierda a derecha: Irma Vep de Musidora (1915), Irma Vep de Maggie Cheung (1996) e Irma Vep de Alicia Vikander (2022). Fuente: El Español.

El producto ya ofrece mucho de lo que hablar pero, por un momento, cabe echar un vistazo desde el exterior para analizar la concepción de este último serial como parte del catálogo de un gigante del streaming como lo es HBO Max. Podría decirse que Assayas crea una serie como tributo a la esencia del “cine original” en un lugar en el que precisamente corre el peligro de quedar bajo la sombra de las típicas series de ver y tirar. Un lugar cuyo espectador es cada vez más acomodado y más exigente pero que sigue siendo, en muchas ocasiones, reticente a las obras más modernas (obras que sin embargo nos quieren llevar, como en este caso, al pasado). Y Assayas lo hace invocando al propio cine, pensando más allá de la forma y dialogando con la liquidez del formato. ¿Feuillade estaba haciendo un serial o la película más larga de aquel entonces? ¿Y Assayas en 1996? ¿Y en HBO Max? ¿Y a qué nos remite la propia intro de esta plataforma si no es a esta misma idea? ¿Y a quién le importa?


La conversación constante y la fluidez de la experimentación de las formas propias del cine primitivo en realidad siguen haciéndose hueco bajo los pliegues más comerciales de nuestra televisión (o bajo lo que queda de ella). En su serie, Assayas se burla de todo planteamiento hollywoodiense que llegue si quiera a rozar cualquier tipo de efecto especial, al igual que una cansada Alicia Vikander cuando, en una entrevista en la que parece confundirse con su propio personaje, menciona “I don’t need a hit, I need a good movie”.


Y lo hace sin miedo cuando René Vidal o Assayas o quien sea que fuera en ese momento de la serie se enreda en la “cultura de la cancelación” a raíz de la filmación de su escena más icónica. En el rapto de Irma Vep, el director está lo suficientemente cerca (y lejos) para no quemarse, solo que lo evita gracias a un monitor que tiene el poder de capturar lo espectral. El serial original ya estuvo envuelto en ello, aunque fue la propia Musidora la que protestó para reivindicar la esencia del propio cine. ¿Los productos audiovisuales tienen que ser complacientes o tienen que provocar al público? René, respondiendo a que “si acaso le excita” esa escena, responde con un rotundo sí, añadiendo que “si no me excitara a mi, no podría excitar al público”.

 
 
 

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